Guido vivía en Pallca,(Huangascar,
Yauyos-Perú), un lugar solitario lo que
es muy común en estos lugares, de tu casa miras al cerro de enfrente y ves un humito que
sale de algún lugar, miras al otro cerro que está a tu espalda, o, a la derecha o izquierda,
siempre veras lo mismo.
La mamá de Guido era de
contextura delgada y estaba delicada de
salud y no le abastecía la leche para amamantar a Guido, tenía que ayudarse con
leche de vaca.
En el ganado ovino había una hermosa
cabrita blanca cuya cría había perdido, los
padres de Guido pensaron que muy bien podría amamantarlo sustituyendo a la
mamá. Hicieron la prueba y Guido y la cabrita congeniaron muy bien,
llegando a compenetrarse de tal manera que ambos se buscaban para estar juntos.
El ganado salía al medio día y dejándolo
bien alimentado la cabrita tenía que salir con la punta, hasta la tarde en que volvían
a los corrales. Era muy sugestivo lo que hacía la cabrita, se adelantaba a
todos gritando de trecho en trecho llegaba la primera a la casa y Guido que
sentía sus balidos salía al encuentro. Este, era de lo más tierno, madre e hijo
se acariciaban y luego lo de siempre a mamar la teta.
Esto sucedía todos los días sin
ningún problema. Guido iba creciendo y ya quería seguir a la cabrita, lo que
por supuesto era impedido por los padres. Pero sucedió un día
que por estar pastando el ganado muy cerca, la cabrita se acordó del hijo y se
vino en su busca, como de costumbre lo amamantó y como no había nadie, al
retirarse la cabrita Guido la siguió.
En esos instantes, llegó la mamá
que había salido por unos segundos y al no encontrarlo comenzó la búsqueda por
diferentes sitios hasta que faldeando una ladera que terminaba en precipicio, diviso
a Guido que caminaba hacia el abismo, corrió desesperada cogiéndolo en el preciso instante que iba a
dar el paso definitivo. Adaptación del
libro Memorias del Tayito
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