domingo, 5 de octubre de 2014

EL PASAGUAY

La semana la pasábamos en Huangáscar, en la casa de la señora Teófila como sus pensionistas. En esta forma atendíamos mejor nuestras clases, no llegábamos tarde y ni podíamos caer en la tentación de repetir el plato. Vivimos felices dedicados a nuestros libros, hasta el día sábado que volvíamos a Palca.
Sucedió que cierto día me sentí mal de salud. La señora Teófila me proporcionó algunos medicamentos caseros con el fin de amortiguar el estado febril que me aquejaba. Mas como no sintiera ningún alivio se preocuparon mucho y pensaron que mejor sería que me fuera a mi casa, y así me lo hicieron saber. "Guido, mejor  es que vayas a Pallca antes de que tu mal empeore y se pongan las cosas más difíciles".
Caminaba despacio, ya que la fiebre me tenía debilitado. Era el mes de mayo, época en que se alejaban las lluvias y los cerros presentaban un aspecto por demás hermoso y alegre dado que todo es un inmenso jardín con miles de plantas en flor de infinidad de colores. En esta época también, salen las viboras, culebras, corralillos y tarántulas, por los caminos a pasearse y yo les tenía pánico tremendo.
Estaba casi a medio camino, y entraba a una pampita, cuando diviso en el otro extremo un bultito negro que se venía a mi encuentro y acercándome más reconocí que era una tarántula a la que por esos lugares le llamábamos Pasaguay. Con sus tremendas patas avanzaba retadora hacía mí; cuando me sintió muy cerca levantó las patas delanteras apoyándose en las posteriores se elevó todo lo que le dió sus extremidades. Se quedó mirándome con sus ojazos amenazadores . Al ver esto traté de pasar por un costado pero mi imaginación afiebrada me hizo ver correr a la tarántula a cerrarme el paso. Completamente asustado di marcha atrás y sacando fuerzas de flaqueza, corrí hacia Huangáscar a donde llegue exhausto y muerto de miedo.
 Entré a la escuela y todos corrieron a ver que me había sucedido ¿Qué te ha pasado? ¿Por qué te has regresado?....Les conté punto por punto y con todos los detalles lo sucedido y la respuesta fue una sonora carcajada de los maestros, alumnos y alumnas.
Más no recuerdo; pero si el susto que medió el animalito me hizo olvidar de la fiebre y todo el malestar, Esta anécdota la recordaba la familia Gamarra y siempre que la oportunidad se presentaba me hacían bromas con el pasaguay.
Cuando después de ocho años, joven ya, volví a Huangáscar a visitar a mi hermana Raquel, con quien primero encontré, fue la señora Teófila cuya respuesta al contestar mi saludo fue si en Lima no me había encontrado con el Pasaguay.
MEMORIAS:Capítulo VII - del Tayito.


jueves, 11 de septiembre de 2014

LA TRAGEDIA DE HACERSE LA VACA PARTE 2

Volviendo a nuestro relato, anotaremos que nosotros, los dos hermanos éramos muy puntuales en lo que se refería a la asistencia. Pero como siempre hay un pero, Y aquí también lo hubo, pasamos a narrarlo. Cierto día por no se que motivo salimos tarde de la casa y la hora nos ganab; mi hermano caminaba con desgano y mirando al cielo, (nuestro reloj) decía; ya es tarde muy tarde, ya no vamos a llegar, y tomóm un desvío havia la Toma; yo lo seguï. Llegamos al sitio por donde teníamos que cruzar la acequia muy cerca de de dicha Toma; colocamos los libros en el suelo cruzamos para ponernos a jugar en el bordo. En este plan estábamos, saltando de un lado a otro, cuando de improviso descubrimos que nuestra hermana mayor Raquel, se acercaba seguramente con la intención de aumentar el caudal del agua de la acequia. Verla y echarnos bordo abajo nos llevó un segundo. Nuestra hermana era la tercera autoridad de la casa y a ella respetábamos  y queriamos todos los menores . Por eso  cuando nos dimos cuenta que habíamos dejado los libros  asomamos sigilosamente nuestras cabecitas para enterarnos que sucedía.
Cuál no sería nuestra desesperación al ver que nuestra hermanita se alejaba con los libros bajo el brazo. Nos quedamos helados por el temor de lo que iba a pasar en adelante. Nos miramos aterrorizados y no atinamos a decir palabra, ni para ir tras ella a rogarle que no nos denunciara y nos devolviera los libros y muy graves. Conocíamos a nuestro padre y sabíamos ya de antemano, lo ue iba a suceder. Seria la una de tarde, el resto del día lo pasamos al bordo de  la acequia sin ánimo de jugar, pues nuestra mente estaba centrada en el desenlace de este episodio. En casa ya todos sabían lo que los niñitos habían hecho.
Sería las cinco de tarde cuando llegamos a casa, entramos muy despacio, sin hacernos presente a nadie; en igual forma nos ignoraban; sudando frío nos refundimos en algún lugar apartado esperando el momento supremo que no llegó. Una voz enérgica dijo: A comer! Tronante la voz me pareció lúgubre y como signo de mal agüero Saludamos; nadie nos respondió; cenamos y luego nos retiramos buscando, si cabía, un descanso a nuestro sufrimiento, con todo nos quedamos dormidos. Hasta que un fuerte ruido de un grito y un lastimero llanto me hizo saltar de la cama. El cuadro que presencié fue lamentable. Mi pobre hermano se debatía de dolor en el suelo, no sabría decir cuantos riendazos se llevó el pobre negro; llegó mi turno; pantalón abajo y de rodillas. Un solo riendazo en el potito calato y yo ya estaba muerto. Salto mi madre; Por favor Fermín ya basta! Felizmente mi padre escuchó y allí termino el jaleo.
Lo que me dolió no recuerdo porque como decía ya estaba muerto. Pero este hecho aparentemente, tan cruel, sentó un antecedente y marcó la pauta para toda la vida. Sobre todo cuando a los 14 años, cumpliendo los sueños de madre, vine a Lima-Perú, apartándome de mis padres y sin nadie que me controlara o aconsejara, me hice hombre.
Para mi padre ningún sentimiento de rencor, al contrario siempre que me acordaba de este episodio de mi vida, daba gracias a Dios, porque pensando en él, pude salir adelante, no con fortunas ni riquezas materiales, pero si con un tesoro, que nadie me lo podrá regatear. Cuál es?: mis hijos, a quienes quiero con toda mi alma y por quienes me sacrifiqué con todas las fuerza de mi ser, sino se pudo más, solo Dios lo sabe.
Como epílogo de este triste recuerdo, terminare contándoles; Mi madre, ante el problema que se había creado, debido a las distancias que teníamos que recorrer todos los días, optó por ir a Huangáscar. Conversó con la señora Teofila Gamarra, narrándole lo sucedido y le pidió nos diera pensión a lo que accedió gustosa.
De esta manera nos quedábamos estudiando los cinco días y medio en Huangáscar para volver el sábado con nuestros padres y hermanos.

Capítulo IV del libro MEMORIAS del Tayito.
  

domingo, 7 de septiembre de 2014

LA TRAGEDIA DE HACERSE LA VACA

En esta aventura Guido cuenta que su hermano mayor Ananías y él habían cumplido nueve y siete años respectivamente. A las cinco de la mañana todo el mundo  tenía que levantarse a tomar desayuno preparado de antemano por nuestra madre querida. A esa hora regresaba papá después de haber recorrido el campo, realizado labores propias del mismo. Acto seguido, cada cual tenía programado la ocupación a que se iba a dedicar.
Esto se repetía un día y otro también. En esta forma íbamos creciendo respirando aires puros, buena alimentación, carne, leche de primera. Pero la preocupación de nuestros padres no era sólo hacernos trabajar sino que también en forma prioritaria buscaron ponernos en la escuela para que fuéramos dando los primeros pasos en nuestra formación cultural. Pero fatalmente la situación geográfica en que vivíamos, no era fácil el problema.
Tenían que salir a las cinco para llegar a las ocho, hora en que empezaban las clases. Un camino de herradura, que ascendía faldeando los cerros subía hasta llegar al pueblo unas veces a caballo, otras a pie. Por la tarde no era problema, porque apenas salíamos de la escuela, echábamos a correr cuesta abajo. a la 6pm. ya estábamos anunciando nuestra llegada desde unas alturas sobre nuestra casa.
En esta forma íbamos progresando; ya habíamos aprendido a leer y escribir, lo que llenaba de alegría a nuestros padres que se sentían halagados al ver retribuidos sus sacrificios. En esta forma se hacían más fáciles sus proyectos cual era; enseguida Lunahuaná y posteriormente Lima, meta que sobre todo se habían trazado mi madre. ella se había criado en la capital y que ahora sufría los embates del destino por ser fiel a un amor, soñaba con sus hijos en Lima. Lo que se iba consiguiendo pero  que su muerte prematura tras una dolorosa enfermedad, no le permitió disfrutar, ni cumplir sus deseos. Su dicho favorito "Ay Lima, Lima quien no te conoce no te estima", quedo grabado en el corazón de sus hijos.

jueves, 28 de agosto de 2014

AVENTURAS DE GUIDO EN PALLCA


Guido vivía en Pallca,(Huangascar, Yauyos-Perú),  un lugar solitario lo que es muy común en estos lugares, de tu casa  miras al cerro de enfrente y ves un humito que sale de algún lugar, miras al otro cerro que está  a tu espalda, o, a la derecha o izquierda, siempre veras lo mismo.
La mamá de Guido era de contextura  delgada y estaba delicada de salud y no le abastecía la leche para amamantar a Guido, tenía que ayudarse con leche de vaca.
En el ganado ovino había una hermosa cabrita blanca cuya cría había perdido,  los padres de Guido pensaron que muy bien podría amamantarlo sustituyendo a la mamá. Hicieron la prueba  y  Guido y la cabrita congeniaron muy bien, llegando a compenetrarse de tal manera que ambos se buscaban para estar juntos.
El ganado salía al medio día y dejándolo bien alimentado la cabrita tenía que salir con la punta, hasta la tarde en que volvían a los corrales. Era muy sugestivo lo que hacía la cabrita, se adelantaba a todos gritando de trecho en trecho llegaba la primera a la casa y Guido que sentía sus balidos salía al encuentro. Este, era de lo más tierno, madre e hijo se acariciaban y luego lo de siempre a mamar la teta.
Esto sucedía todos los días sin ningún problema. Guido iba creciendo y ya quería seguir a la cabrita, lo que por supuesto era impedido por los padres. Pero sucedió  un  día que por estar pastando el ganado muy cerca, la cabrita se acordó del hijo y se vino en su busca, como de costumbre lo amamantó y como no había nadie, al retirarse la cabrita Guido la siguió.

En esos instantes, llegó la mamá que había salido por unos segundos y al no encontrarlo comenzó la búsqueda por diferentes sitios hasta que faldeando una ladera que terminaba en precipicio, diviso a Guido que caminaba hacia el abismo, corrió desesperada  cogiéndolo en el preciso instante que iba a dar el paso definitivo. Adaptación  del libro Memorias del Tayito